Una Promesa
Aquel indio, de apariencia recia y seria, subía ese cerro y pasaba horas interminables… miraba el horizonte con la ansiedad de quien espera un milagro.
Ella le dijo que regresaría, con su tribu, en primavera. Era la única que había llegado a su corazón, una india no muy hermosa, pero cariñosa, alegre y buena. Se amaban profundamente, hasta que ella tuvo que partir, pero dejó en el aire la promesa de regresar en primavera…y él prometió esperarla más allá de ésta.
Desde entonces el indio pasa sus horas esperando que vuelva y a veces cuando nadie lo ve…suspira y llora…desahogando su pena.
La primavera trajo el verano, y tras de él, el otoño secó la promesa.
El indio sigue allí, desde la loma, espera y ruega.
No habla con nadie, nadie se le acerca; algunos dicen que está loco, nadie sabe de su pena.
Un invierno cruel se abatió en la sierra. El indio quedó dormido…soñando con aquella… jamás despertó. Muchos dicen que murió de frío, otros que de amor…Lo cierto es que en ese sueño profundo, por fin, se reencontró con su amor.
En aquel lugar, el mismo en donde el indio esperaba su vuelta, nació un árbol fuerte y de recia apariencia, que florece en primavera y durante el otoño e invierno se viste de racimos de rojo color. Algunos dicen que es la promesa del indio, que en primavera, florece en esperanza y en invierno sangra de pena.
El árbol sigue allí, testigo silencioso del amor, del amor verdadero que no cree en el olvido y sí en las promesas…
Algunos lo llaman Tarumán…un árbol más de la sierra.
Sentires
Tristeza que desborda mis ojos y se escurre en lágrimas.
Angustia por la vida derrumbada.
Silencio que enmudece el alma, que grita mil preguntas que se pierden en la nada.
Incertidumbre, desesperación, dolor, rabia…
Cierro los ojos y busco una señal de fuerza, confianza, esperanza…
Entonces veo sus rostros y siento sus voces que me llaman.
Mamá…mamá...¿qué te pasa?
Seco mis lágrimas, las abrazo y sonrío
Nada…ya no me pasa nada.
"Para una romántica"
Aún la leo y me emociona...así era mi abuela...escribia y hacia llorar...jaja
Hoy, a más de 10 años de esa carta que acompañó algun regalo el día de mi cumpleaños, finalmente reconozco que tenía razón...se siente así el amor...
